viernes, 8 de abril de 2011

Un antes y un después

Escrito por Edgar Franco

Todos hemos visto publicidad que presenta dos fotografías, una antes y otra foto después de consumir un producto, de hacer un plan de dieta o de usar un aparato de ejercicios. En la primera foto se ve a una persona con sobrepeso mientras que en la segunda ha rebajado muchos kilos.

El Espíritu Santo también nos presenta en la escritura un ejemplo semejante a través de sus discípulos de Jesús y que se aplica a nosotros. Hoy en día para los creyentes hay un antes y un después del quebrantamiento de la autoconfianza.

El tiempo que Jesús estuvo en este mundo caminando por Galilea con sus discípulos es como la foto del antes, todos los discípulos con mucha carne. Cuando vino el Espíritu de Cristo a los discípulos se dio el después.

En el antes Jesús estaba con los discípulos. Estos caminaban en mayor libertad que los fariseos y los religiosos de ese tiempo. Pero tenían algo en común, confiaban en si mismos, en su débil carne y no tenían aún el Espíritu en ellos quien vino a los creyentes hasta que Jesús fue glorificado y lo envió. Por esta razón tropezaron vez tras vez, el espíritu está dispuesto pero la carne es débil.

No es mi intensión ser juez de nadie solo sacar una enseñanza de algunas de las fallas que tuvieron los discípulos del Señor. Pedro hablaba sin pensar, impulsivamente. En una ocasión trató de apartar a Jesús del camino a la cruz y Jesús le reprendió duramente diciéndole. “apártate de mi Satanás, porque no pones la mira en las cosas de Dios sino en las de los hombres”. Los hermanos Jacobo y Juan querían hacer caer fuego del cielo sobre los samaritanos, a lo que Jesús les dijo “ustedes no saben de que espíritu son, porque no he venido para destruir a los hombres sino a salvarlos”. En otra ocasión pedían ser los dos ungidos que están a la derecha e izquierda del Señor siempre en el cielo. Lo que querían era ser lo principales, lo mismo los otros apóstoles discutían sobre quien de ellos sería el mayor llenos de espíritu de competencia. Cuando Jesús padeció terminaron escondidos en un aposento alto por miedo a los Judíos.

Cuando llegó el momento que Jesús pasaría de este mundo otra vez al Padre, todos estaban dispuestos a morir con Jesús antes de abandonarlo. Pero cuando fue entregado todos lo dejaron y Pedro además lo negó y maldijo.

Mar 14:71 – 72 Pero él comenzó a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a este hombre de quien habláis! Al instante un gallo cantó por segunda vez. Entonces Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y se echó a llorar.

Estoy convencido que este fue el momento del quebrantamiento de Pedro para la confianza en su fuerza y voluntad, en si mismo.

Esta es como una foto de nosotros. Cuando vinimos a Cristo fuimos limpios de nuestros pecados y recibimos el Espíritu Santo. Tuvimos libertad. Pero en nuestros primeros pasos como estábamos acostumbrados a lograr las cosas por nuestro esfuerzo y voluntad, seguimos en esa inercia. Aún cuando tenemos todo el poder del Espíritu Santo a disposición luchamos contra el pecado con nuestra fuerzas. Hemos pensado que estamos dispuestos a morir antes que fallarle a Jesús. Pero igual fallamos.

Cuando los discípulos pasaron por el proceso para dejar de confiar en si mismos. Cuando se mostró su debilidad entonces estaban listos para entrar en el después, que es como la segunda foto de la publicidad. Habían como adelgazado de su carne, habían muerto a su autosuficiencia. Vino el Espíritu Santo con poder a su vida, como Jesús había dicho:

Act 1: 8 pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Luego de que fueron llenos con el Espíritu Santo ya no estuvieron mas escondidos, el miedo fue superado, predicaron abiertamente sin temor a las amenazas de los principales de los judíos. Ya habían sido quebrantados de confiar en su propia sabiduría y fuerza.

Nosotros igualmente, si no hemos muerto a nosotros mismos seremos quebrantados para nuestro bien. Es un trabajo de Dios. Es necesario pasar por antes y llegar al después. Es necesarios que estemos convencidos de nuestra humana debilidad para no estar de voluntariosos queriendo hacer el trabajo que solo Espíritu Santo puede hacer. Todo este proceso es para que podamos estar en plenitud de la justicia de Dios, de su paz y su gozo, que podamos ser testigos poderosos de Cristo. Así el pecado será vencido por Espíritu Santo. Jesús dijo:

Juan 12:24 -25 En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna.

No se puede pedir a nadie que muera a si mismo, porque es algo imposible. Este es un trabajo del Espíritu de Jesús el llevarnos al punto de quebrantamiento cuando reconocemos que no tenemos fuerza en lo humano para luchar contra el pecado, menos aún para ser obreros de la mies de Dios. Que no es con ejército ni con fuerza sino con su Santo Espíritu.

En las escrituras se nos muestra a los discípulos en el antes y el después de quedar reducidos a nada. Como también está escrito:

Gal 6:3 Porque si alguno se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.

1Co 1:29 para que nadie se jacte delante de Dios.

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