jueves, 11 de febrero de 2010

Mi hijo José ya está caminando casi normalmente

En diciembre estuvimos de vacaciones en Costa Rica y nos reunimos con mis hijos Gabriela y José, también con Sarah la novia de mi hijo José. José y Sarah nos hablaron de sus planes de boda para mediados de este año 2010. El Señor me dio una palabra de profesía que me resistí un poco a darla porque hablaba de una prueba y que luego de ella se casarían. Al regresar a Waco, Texas, José empezó a sufrir un fuerte dolor de espalda. El es un triatleta. Le aconsejabamos en la distancia cosas como aplicaicón de un poco de calor, algún analgésico, etc. Pasaron días y fue a un médico que le indicó que no era problema del nervio ciático o de la columna, que parecía ser un problema múscular. Siguió un tratamiento con analgésicos pero no ayudaban, el dolor iba en aumento. Sarah vive en Dallas a dos horas de José y vino el fin de semana a verlo. Lo convenció de ir a la emergencia del hospital porque tenía la pierna izquierda sumamente hinchada, aunque José al principio se resistía. Resultó que tenía un cóagulo que iba desde la cadera hasta la rodilla. Fue puesto en tratamiento de anticoagulantes para evitar que creciera más el coágulo y analgésicos fuertes. El dolor lo hacía entrar en shock.

Recordé que la palabra que me dio el Espíritu Santo decía que iban a pasar la prueba y que saldrían para casarse luego. Sin embargo, el peligro de muerte era grande. Yo decidí creer que iban a pasar la prueba de acuerdo a lo que recibí del Señor.

Pasaron los días y el dolor no cedía, José no podia caminar ni tres metros sin ayuda. Sarah debía regresar a Dallas por su trabajo. Mi hija Gabriela fue a cuidarlo una semana, trabajando a la vez remotamente por internet y teléfono. Damos gracias a Norman, el jefe de Gabriela por darle permiso y todas la facilidades. Luego Gabriela tuvo que viajar por su trabajo, Sarah obtuvo permiso para ir a cuidarlo. A María Marta y a mi se nos ha negado la visa para viajar a Estados Unidos desde el 2004, no podíamos ir con José. fue algo terrible estar lejos cuando nuestro hijo estaba necesitado de apoyo. Estuvo dos semanas al cuidado de Sarah. Damos gracias a la jefe de Sarah por darle permiso de trabajar remotamente. Pero Sarah tuvo pruebas adicionales aparte de ver a su novio sufriendo terriblemente, porque enfermó su mamá y su abuelita estaba agonizando en Kansas. Debía viajar dejando a José para ver a la abuelita por última vez, pero una tormenta de nieve no la dejó. Ya solo pudo ir al funeral. Yo recordaba cada vez que iban a pasar la prueba para casarse, que había una salida, luz al final del túnel.

José estaba muy abrumado por el sufrimiento al punto que era susceptible a las palabras irritándose, especialmente si le decía que iban a salir de esta situación y se casarían con bendición. Yo comprendía que José estaba con el ánimo por los suelos, con pensamientos acerca de como el Dios de amor permitía ese terrible dolor y cosas semejantes. Pero a mi se me concedió el don de fe para esta situación y así dar palabras de fe a mi esposa, mi madre, José, Gabriela y amigos. Aunque a veces solo lograba el enojo de mis hijos por hablar en términos espirituales en estas circunstancias. No hay circunstancia que esté lejos de la mirada de Dios. Dios es espíritu y todo lo suyo es espiritual.

No acostumbro ver mucha televisión. Muchas veces lo hago solo por compartir tiempo con mi esposa María Marta. El 21 de enero llegué con ella y estaba viendo un programa en Enlace de alguien que en ese momento me era desconocido, Ricardo Rodríguez. Estaba en la parte final del programa cuando recogen testimonios. Hablaban que el Señor había dado palabra ese día para sanidades de rodillas. Yo estaba acostado en mi cama viendo. En ese momento tuve una sensación de sanidad en mi pierna derecha. Le dije a María Marta que lástima que recibía un don de ciencia en mi pierna derecha porque si hubiera sido en la izquierda seguramente era para José. En ese momento empezó a subir la sensación desde mi pie izquierdo subiendo a toda la pierna, toda el área afectada de José. No sabíamos en ese momento que habían detectado otro coágulo enorme también en la pierna derecha. El Señor me dio el don de conocimiento en la pierna derecha primero como diciéndome que él estaba verdaderamente al tanto de la vida y salud de José. Fue días después que José pidió al doctor que buscara en la pierna derecha también, porque empezó a dolerse igual que de la izquierda.

Declaré su sanidad en ese momento y me vino el gozo tal que quedé ebrio de la presencia y poder del Espíritu Santo. Me levanté luego de un rato para ir al baño, continuaba ebrio de gozo. En el baño el Señor me dio unas palabras, siendo una para José. Me dijo el Espíritu Santo: Porque no me negaste a tu hijo, yo le doy vida y lo bendeciré. No se porque escoge el lugar más indigno de la casa para hablarme, muchas veces me ha hablado allí. Así me ha enseñado que él no es religioso. De todos modos no tengo un lugar especial en mi casa, la cual es sencilla. Pero como nuestro cuerpo es templo, siempre estoy en su presencia. Pero esta vez estaba sobre mi y en mi con poder.

Yo le pregunté cuando era que no le había negado a José. Me recordó tres momentos. Se que José tiene un propósito en este mundo y se va a cumplir, me recordó el Espíritu Santo de profesías que se dieron para él hace pocos años.

No podía en esos días compartir esto con José porque estaba muy mal de ánimo y se enojaba, tuve que esperar varios días para compartírselo por correo electrónico. Pero a partir de esta palabra que recibí del Señor, tuve un don de fe que me asombró a mi mismo. Se que el Señor no miente y que si dice algo tiene cumplimiento. Vinieron tentaciones de pensar negativamente pero reaccionaba y llevaba todo pensamiento cautivo bajo los pies de mi Jesús.

El día siguiente recibí la noticia que José había podido dormir varias horas, porque el dolor no le dejaba dormir más de tres horas diarias. Me alegré pensando que se estaba cumpliendo la palabra recibida. Pero la prueba de fe continuaba porque los días siguientes volvió a no poder dormir. Yo le daba palabras a María Marta cuando hablaba los pensamientos de enfermedad o muerte. Yo estaba sólido sobre la promesa y la fe de Dios que recibí. Porque la fe humana para poco es útil. La fe que Dios imparte por el Espíritu Santo es la que hace maravillas en nosotros.

Estuve firme por el poder que Dios da, hasta que José puede ahora caminar casi normalmente, mejorando cada día en tanto que el flujo de su sangre va eliminando naturalmente el coágulo.

José quería estar convencido que la sanidad vino de Dios y que no va a pasar por coágulos en el futuro. Tenía temor en que de la manera que se formó un enorme coágulo en sus piernas podía formarse en el cerebro, corazón, pulmones o algún órgano importante y morir. Porque le habían hecho exámenes exhaustivos de todo. Detectaron una malformación congénita en la vena cava y debía ser examinado por un cirujano vascular. José no quería operarse. Me dijo que oráramos para que el cirujano vascular no recetara una operación para estar convencido que está sano. Así le pedimos al Señor aunque yo estaba seguro que estaba ya sano. El cirujano dijo que si había vivido 27 años son la malformación siendo triatleta, que podía terminar su años en este mundo con ella sin problemas.

Damos gracias al Dios y Padre y el Señor Jesucristo porque tal como permitió la prueba también dio la salida. José y Sarah han tenido una escuela para toda su vida de parte de El, así me lo ha dicho José.

Doy gracias a Dios pero también a Gabriela que fue a cuidar a su hermano, a Sarah, a Pedro, a los amigos de José que estuvieron con él ayudándolo en Waco, a Norman, a nuestros amigos, familiares y hermanos en Cristo que estuvieron orando, preguntando, pendientes de nosotros.

Grande es nuestro Jesucristo

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